!Bienaventurados los que lloran!

Pentein. Lamentarse. En el griego de todos los tiempos es la palabra que expresa la idea mas fuerte de lamento por un muerto o alguien que está casi muerto. Describe un dolor que no puede ser ocultado, un pesar que no puede ser disimulado. El dolor del cristiano de su pecado no ha de ser blando, vago, sentimentaloide, con el simple conformismo de que algo ha salido mal; ha de ser tan agudo como el que se siente cuando nos hieren las fibras más profundas de nuestro ser.

Ha de ser un dolor que no está oculto, sino que se manifiesta en las lágrimas y en la confesión del verdadero corazón penitente. “Uno de los grandes relatos de conversiones en los tiempos modernos fue el del asesino japonés, Tokichi Ishii, que, leyendo el NT en la prisión, se convirtió. Era un hombre bestial, de crueldad salvaje, infrahumano en todos los crímenes que había cometido.

Fue convertido entre tanto leía la Biblia que dos mujeres canadienses le habían dejado, tras no haber podido obtener de él ni una pizca de respuesta humana a algo que le dijeron. Tokichi comenzó a leerla y, cuando llegó a la oración de Jesús: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, cuenta que le sucedió lo siguiente: “Dejé de leer. Sentía el corazón herido; algo así como si me estuvieran clavando en él una aguja muy larga y muy aguda.” El dolor de este hombre, de su pecado, era el dolor del corazón quebrantado.”

 

La palabra  penthein nos dice que ni siquiera hemos iniciado el camino cristiano si no hemos tomado el pecado con tal seriedad, que nuestro dolor de él sea semejante en intensidad al dolor que se siente cuando alguien se nos muere. El cristianismo empieza con la piadosa aflicción del corazón quebrantado.

 

1Co 5:1  De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación,  y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles;  tanto que alguno tiene la mujer de su padre.

1Co 5:2  Y vosotros estáis envanecidos.  ¿No debierais más bien haberos lamentado,  para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?

 

2Co 12:20  Pues me temo que cuando llegue,  no os halle tales como quiero,  y yo sea hallado de vosotros cual no queréis;  que haya entre vosotros contiendas,  envidias,  iras,  divisiones,  maledicencias,  murmuraciones,  soberbias,  desórdenes;

2Co 12:21  que cuando vuelva,  me humille Dios entre vosotros,  y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado,  y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido.

2Co 13:5  Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe;  probaos a vosotros mismos.  ¿O no os conocéis a vosotros mismos,  que Jesucristo está en vosotros,  a menos que estéis reprobados?

Stg 4:8  Acercaos a Dios,  y él se acercará a vosotros.  Pecadores,  limpiad las manos;  y vosotros los de doble ánimo,  purificad vuestros corazones.

Stg 4:9  Afligíos,  y lamentad,  y llorad.  Vuestra risa se convierta en lloro,  y vuestro gozo en tristeza.

El pueblo de Israel lloró pero no es este el llanto que trae consuelo.

Núm 11:13  ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo?  Porque lloran a mí,  diciendo:  Danos carne que comamos.

Hay muchas personas que lloran por su condición económica, física, intelectual, emocional. Pero los bienaventurados o felices no son los que lloran por estas situaciones.

Simeón era un hombre justo que esperaba la consolación de Israel y pudo ver al Salvador en su niñez.

La iglesia de Antioquía encontró consuelo cuando leyeron la carta enviada por el primer concilio de Jerusalén.

La biblia es fuente de consuelo. Todas las cosas escritas en ellas son un ejemplo para los creyentes, para que recibamos consuelo.

Dios es llamado Dios de toda consolación.

En medio de las tribulaciones el apóstol Pablo pudo decir que estaba lleno de consuelo. Pablo pudo decir: Dios consuela a los humildes. (Tito había venido hasta él).

Jesús dijo: ay de ustedes ricos, porque ya tienen su consuelo.  Este consuelo no es el que Jesús prometió.

Oh cuan felices los que lamentan  porque ellos recibirán consolación.

Apo 21:4  Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos;  y ya no habrá muerte,  ni habrá más llanto,  ni clamor,  ni dolor;  porque las primeras cosas pasaron.

 

Aplicaciones:

  • El creyente en Cristo es una persona que no solo experimenta pobreza en su espíritu, sino que también lamente su condición con respecto al pecado.
  • El creyente experimenta una dicha grande cuando se lamenta o llora ante la realidad del pecado. La tristeza que es según Dios conduce a la salvación.
  • El creyente puede ser consolado en la actualidad por la acción del E.S. por las escrituras, por las oraciones respondidas, por la comunión de unos con otros, por el avance de la obra de Dios a pesar de las limitaciones materiales.  

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